domingo, 11 de abril de 2010

Mundos paralelos

Desperté en una habitación , la brisa soplaba en mi venta; había una nota sobre la mesa. No sabía qué hacer, no recordaba nada. Fui a leer la nota, que decía: ¡Me salvaste!. Gracias, Marth.

¿Salvar qué? Mire por la ventana y había una gran torre partiendo las nubes, e incluso los arboles de los grifos. Al lado de la nota reposaban dos hojas de acero, recordé que se llamaban espadas. Tuve una visión del pasado, había recordado quien soy.

Salí corriendo, tome las espadas, y atravesando el bosque lo más rápido que pude, llegue a la torre. No pensé que desde el cielo nos vería gente que también piensa que somos el cielo. Lo que sucedió fue que mi amiga, Clara, fue la elegida para salvarnos a todos.

Para ello, tendría que darse en sacrificio, pero de una forma distinta. De la misma manera, en el fin de la torre, no todo era cielo: un mundo paralelo, unido por la estructura, aguardaba ahí. Nuestro mundo se encontraba en decadencia, mientras que el de ellos seguía la recta hacia la gloria. Su elegido llevaba un buen trabajo. Desde aquel entonces los hemos tomado como “enemigos ” nuestros. Nadie se había imaginado algo así.

Desde pequeños, Clara y yo hemos sido grandes amigos. Fue su propia decisión darse en sacrificio para otorgarnos una salida a este gran problema. Los mejores luchadores la acompañaban en su amino. Personalmente quiso decirme, el día de su partida, que no me sintiera triste por su viaje, que me sintiera feliz en vez de ello.

Tuve una gran idea: aquella noche afile mis espadas, las envaine y partí. Nadie sabía que seguiría a Clara en su viaje. Ni siquiera sus guardias sabían.

Se la llevaron a una especia de templo, en el cual sellaría su promesa. Inocente y callada, entro sin sus guardias. Logre infiltrarme, pero lo que vi fue asombroso: una llama con forma de hombre le hablaba y tocaba su mano, pero ella no hacia ni el mas mínimo movimiento. De pronto, un animal flameante, algo así como un lobo, salta de las espaldas del hombre e intenta atacar a Clara. En una rápida reacción, lancé mis espadas para que se hundieran en el torso del animal antes de que este le provocara algún daño. Salí de mi escondite, y Clara, todavía golpeada por la imagen, se acercó a mí y me dio las gracias. Sin decir ninguna palabra más, me comunico con sus ojos que la protegiera.

Ella no comía nada desde aquel momento. Me hizo señas para que nos reuniéramos en algún lugar. Fui para allá y me conto que, para salvarnos, debía unirse con una antigua divinidad dormida, restableciendo la energía del planeta. Además, debía despertar algunos de los poderes de la diosa dormida, pero perdería sus cualidades humanas al hacerlo, abandonando poco a poco su existencia en este mundo. Ya había perdido la necesidad de comer. Escenas similares se repetían en distintos lugares, perdiendo la capacidad de sentir, para más tarde perder la voz. Se comunicaba conmigo a través de señas y gestos. Cuando llegamos a lo que parecía ser nuestro último destino, un misterioso mercenario atacó a Clara. Ese sujeto nos dijo lo de aquel otro mundo, que sería puesto en peligro si Clara cumple su tarea.

Distraje a aquel guerrero luchando, mientras Clara liberaba a la diosa. Nuestros movimientos se parecían bastante. Me di cuenta, mientras combatía, que unas hermosas alas florecían de la espalda de Clara.

Clara mencionó a lo lejos algo de la torre, supuse que se dirigía hacia allá. En un descuido, mi adversario se escurrió dejando una poderosa bomba de tiempo tras de sí. Protegí a Clara, quede inconsciente, y al parecer me llevo hacia donde había despertado en un principio.

Como dije antes, me encontraba en la entrada de la torre. Unas inmensas escaleras se dirigían hacia arriba. Subí hasta el santuario de la torre, donde veía a Clara haciendo una especie de ritual. No vi a sus guardias. No sé como lo hice, pero esquivé una flecha que venía desde atrás. Nuevamente apareció el guerrero, pero esta vez me lanzo escaleras abajo, solo que por unas escaleras que iban hacia arriba pero con los escalones al revés. Rodé y llegué a la entrada, y vi algo impresionante: una tecnológica y desarrollada ciudad se mostraba ante mí. El cielo era verde como el pasto y el pasto era azul como el cielo. Me sentía confundido.

Recode a lo que vine y volví al santuario. El cuerpo de Clara se desvanecía poco a poco y aquel guerrero intentaba destruir el santuario. Mirando fijamente me di cuenta que el santuario absorbía la energía de un mundo y se lo daba al otro, provocando este caos. Lo ayude en su labor, y cuando lo conseguimos, Clara cayó desde lo alto y conseguí atraparla. Los mundos se comenzaban a separar y aquel guerrero me gritó: ¡Gracias por tu ayuda, elegido!. ¿Yo era el elegido? Él se saco su armadura y descubri un gran parecido a mi en su forma física. Habiamos cumplido nuestro destino.

Fin.

Jorge Sanzana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario