Había una vez un niño que siempre tubo ganas de volar. Su nombre era Simón, el tenía 8 años y su sueño de volar para el era imposible, siempre soñaba con tener alas y poder volar como petter pan.
Simón antes de dormir siempre le pedía a Dios el poder tener alas y volar, se sentaba en la cama y rezaba hasta que le diera sueño y luego en sus sueños tenía alas y podía volar… Una noche Simón soñó que despertaba y podía volar y era todo tan real que cuando Simón despertó para ir al colegio y vio que no tenía alas y todo había sido un sueño, triste fue al colegio, como siempre pasaba lo mismo un día no rezó y perdió todas sus esperanzas de poder tener alas, entonces se durmió y a la mañana siguiente despierta con que algo le molestaba en su espalda se levantó y no alcanzaba a mirar lo que tenía, fue al espejo y vio que tenía un pequeño bulto se sacó la polera y vio claramente que le habían salido alas, pero no sabía como hacer que se movieran. Comenzó moviendo sus hombros y no pasó nada, movió los brazos y no pasó nada tampoco, entonces pensó en un movimiento que jamás había hecho y claramente le resultó, se movieron sus alas pero aún no sabía como volar… practicó un día entero hasta que recordó su primer sueño cuando aprendía a volar y aplico lo del sueño para ver si resultaba, lo intentó y pudo volar, cumplió su sueño de toda su vida, pero descubrió que fue mucho mejor que en los sueños.
Fin.
Belén Muñoz.
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